20+C+M+B+22

La benedizione delle case, sulle cui porte vengono segnate la croce del Signore, la cifra dell’anno appena iniziato, le lettere iniziali dei tradizionali nomi dei santi Magi (C+M+B), spiegate anche come abbreviazione di “Christus mansionem benedicat”, scritte con gesso benedetto.

The blessing of homes, on whose lentils are inscribed the Cross of salvation, together with the indication of the year and the initials of the three wise men (C+M+B), which can also be interpreted to mean Christus mansionem benedicat, written in blessed chalk.

La bénédiction des maisons, sur les portes desquelles les fidèles ont placé la croix du Seigneur, le chiffre de l’année qui commence et les initiales des noms traditionnels des saints Mages (C+M+B), qui sont aussi celles de l’expression: “Christus mansionem benedicat“, écrites avec de la craie bénite.

La bendición de las casas, sobre cuyas puertas se traza la cruz del Señor, el número del año comenzado, las letras iniciales de los nombres tradicionales de los santos Magos (C+M+B) [en algunas lenguas], explicadas también como siglas de “Christus mansionem benedicat“, escritas con una tiza bendecida.

Die Segnung der Häuser, deren Türen mit dem Kreuz des Herrn bezeichnet werden: die Ziffer des neuen Jahres, die Anfangsbuchstaben der überlieferten Namen der heiligen Sterndeuter (C+M+B), die auch als Abkürzung von „Christus mansionem benedicat“ (Christus segne dieses Haus) zu erklären sind. Sie werden mit gesegneter Kreide geschrieben.

Natalia Sanmartín: «La comunión en la mano es un caballo de Troya en la Iglesia»

Infovaticana entrevista a la periodista y escritora Natalia Sanmartín Fenollera:

Creo que la historia de la comunión en la mano es la historia de un caballo de Troya. Siempre me llama la atención que se hable tanto sobre las tensiones que vivió el Papa Pablo VI por la encíclica Humanæ Vitæ y tan poco sobre las que le produjo este conflicto y sobre el modo en que intentó reconducirlo. Durante su pontificado, él reafirmó la que sigue siendo la ley general de la Iglesia en este ámbito, la comunión en la lengua, y estableció un indulto, una excepción, para resolver el problema de algunas regiones donde la comunión en la mano se practicaba en abierta desobediencia a Roma, entre ellas Bélgica, Holanda y Alemania. La decisión le produjo mucho sufrimiento, porque no era partidario de la medida, como tampoco lo fueron la mayoría de los obispos que consultó antes de tomarla. Temía que hacerlo debilitase la fe en la presencia real de Cristo en el sacramento, un temor que él mismo confirmó más tarde y que le llevó a limitar el indulto, aunque no logró evitar que la práctica se generalizase. Lo terrible de todo esto es que lo que nació como una respuesta pastoral a una desobediencia se ha convertido en una práctica generalizada y hasta impuesta, como hemos visto en esta pandemia, en la que se ha aplastado de forma intolerable la piedad y los sentimientos religiosos de todos los fieles que comulgamos como prescribe la ley de la Iglesia.
Para mí es una cuestión fundamental de adoración y de veneración a Dios. Si se cree no solo intelectualmente, sino también, por decirlo así, con las entrañas, que Cristo está realmente en el sacramento, la única actitud posible es postrarse de rodillas ante Él y recibirlo como hicieron los grandes santos, los mártires y la inmensa mayoría de los cristianos que nos han precedido.

Walter Brandmüller: ¿Nacionalismo litúrgico o universalismo?

La verdadera comprensión global de la liturgia -y esto se aplica también a la realidad en su conjunto- no es sólo un proceso intelectual. Al fin y al cabo, la persona no está formada sólo por la razón y la voluntad, sino también por el cuerpo y los sentidos. En consecuencia, aunque no se entienda cada uno de los textos de una liturgia celebrada en lengua sagrada -excluyendo, por supuesto, las lecturas bíblicas y la homilía-, todo el acontecimiento – el canto, el mobiliario, los ornamentos y el lugar sagrado, siempre que den expresión adecuada a la celebración – toca la dimensión más profunda del hombre de un modo mucho más directo de lo que pueden hacerlo las palabras comprensibles. A diferencia de la época [pasada], esto es mucho más fácil hoy en día, ya que quienes asisten a Misa ya conocen la estructura del rito y los textos que se repiten en la liturgia, por lo que cuando asisten a una Misa en latín saben bastante bien de qué se trata.

Por lo tanto, que se deba rechazar el latín como lengua litúrgica porque no se entiende no es un argumento convincente, sobre todo porque, a pesar de todas las dificultades que conlleva la traducción, la liturgia en lengua vernácula no debe ser abolida. Sólo que, como dice el Concilio Vaticano II, tampoco se debe abolir el latín.

Por otro lado, ¿cuál es la situación de la “participatio actuosa”, es decir, la participación activa de los fieles en la celebración litúrgica? El Concilio prescribe que los fieles deben ser capaces de cantar o recitar las partes que les corresponden también en latín. ¿Es demasiado pedir? Si se piensa en lo familiar que son las palabras de los textos del Ordinario de la Misa, no debería ser difícil reconocerlas detrás de las palabras latinas. ¿Y cuántas canciones inglesas o estadounidenses se cantan y entienden de buen grado, aunque estén en un idioma extranjero?

En definitiva, la “participatio actuosa” significa mucho más que un mero hablar y cantar juntos: es más bien hacer propia, por parte del cristiano que participa en el servicio, la misma disposición íntima del sacrificio al Padre, en la que Cristo se dona al Padre. Y para ello es necesario, en primer lugar, lo que Johann Michael Sailer ha definido como el idioma fundamental de la Misa.

En este sentido, el Misal en latín también es necesario desde el punto de vista práctico: el sacerdote que viaja a países cuya lengua no conoce debe poder celebrar la Santa Misa también allí, sin verse obligado a hacer acrobacias lingüísticas indignas de una liturgia.

En resumen: hay que desear que el Misal Romano en latín esté presente en todas las iglesias.

Traducción tomada de aquí.
Texto original en alemán aquí o aquí (págs. 192-196)

El Papa no ha prohibido ni la Misa en latín ni “de espaldas”

El pasado 16 de julio, el Vaticano publicó un nuevo motu proprio del Papa Francisco titulado “Traditonis custodes” por el cual se modificaba otro anterior de Benedicto XVI titulado “Summorum pontificum”. Al igual que su predecesor en su día, el Papa ha acompañado de una carta el texto jurídico, en la cual intenta explicar algunas de las cosas decididas.
Tras la publicación, la prensa se lanzó a decir que el Papa había prohibido la Misa en latín y con el sacerdote de cara al altar, lo que técnicamente se conoce como ad orientem o vulgarmente como “de espaldas”.

El Papa en realidad no ha censurado ni la Misa en latín ni la misa ad orientem. Lo que ha hecho es limitar el uso de los textos litúrgicos anteriores al Misal vigente, es decir la conocida como Misa en rito antiguo, tradicional o tridentino.

Aunque se haya afirmado así en algunos medios, este motu proprio del Papa Francisco no restringe el uso del latín en la Misa o la celebración “versus absidem” o de espaldas al pueblo. Aquí se está hablando de una cosa muy precisa, que es el uso del Misal de 1962. Puede recordarse, por ejemplo, que la edición típica del Misal de Pablo VI, y de todos los libros litúrgicos, es en latín; y la Misa de espaldas no está prohibida por el Misal de 1970.

Artículo completo aquí.

Otro comentario aquí.

Obispos de Extremadura: “No puede prohibirse la Comunión en la boca”

Mensaje de los obispos de Extremadura con motivo de la pandemia de la Covid-19:

Hay que evitar restricciones arbitrarias o que se limiten los derechos de los fieles. En concreto, por más que sea preferible la comunión en la mano por razón de la situación, no puede prohibirse la comunión en la boca, como ha ocurrido en algunas ocasiones, a veces incluso cuando el fiel estaba ya a punto de recibirla. Confiamos al buen sentido pastoral de los sacerdotes que procuren fórmulas que permitan vivir con paz y sin tensión un momento como ése, de particular intensidad espiritual.

Leer el mensaje completo aquí.

Per Christum. Per Dóminum. Qui tecum. Qui vivis. Qui vivit.

“Per Christum.” = “Per Christum Dóminum nostrum.”

“Per Dóminum.” = “Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.”

“Qui tecum.” = “Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.”

“Qui vivis.” = “Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.”

“Qui vivit.” = “Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.”

Ex antiqua traditione Ecclesiæ, oratio collecta de more ad Deum Patrem, per Christum in Spiritu Sancto, dirigitur et conclusione trinitaria, idest longiore, concluditur, hoc modo:
– si dirigitur ad Patrem: Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– si dirigitur ad Patrem, sed in fine ipsius fit mentio Filii: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– si dirigitur ad Filium: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
Populus, precationi se coniungens, acclamatione Amen orationem facit suam.
(Institutio Generalis Missalis Romani, n. 54)

In Missa unica dicitur oratio super oblata, quæ concluditur conclusione breviore, idest: Per Christum Dóminum nostrum; si vero in fine ipsius fit mentio Filii: Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
Populus, precationi se coniungens, acclamatione Amen orationem facit suam.
(Institutio Generalis Missalis Romani, n. 77)

Per antica tradizione della Chiesa, l’orazione colletta è abitualmente rivolta a Dio Padre, per mezzo di Cristo, nello Spirito Santo e termina con la conclusione trinitaria, cioè più lunga, in questo modo:
– se è rivolta al Padre: Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– se è rivolta al Padre, ma verso la fine dell’orazione medesima si fa menzione del Figlio: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– se è rivolta al Figlio: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
Il popolo, unendosi alla preghiera, fa propria l’orazione con l’acclamazione Amen.
(Ordinamento Generale del Messale Romano, n. 54)

Nella Messa si dice un’unica orazione sulle offerte, che si conclude con la formula breve: Per Christum Dóminum nostrum; se invece essa termina con la menzione del Figlio: Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
Il popolo, unendosi alla preghiera, fa propria l’orazione con l’acclamazione Amen.
(Ordinamento Generale del Messale Romano, n. 77)

In accordance with the ancient tradition of the Church, the collect prayer is usually addressed to God the Father, through Christ, in the Holy Spirit, and is concluded with a trinitarian ending, that is to say the longer ending, in the following manner:
– If the prayer is directed to the Father: Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– If it is directed to the Father, but the Son is mentioned at the end: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– If it is directed to the Son: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
The people, uniting themselves to this entreaty, make the prayer their own with the acclamation, Amen.
(General Instruction of the Roman Missal, n. 54)

In the Mass, only one Prayer over the Offerings is said, and it ends with the shorter conclusion: Per Christum Dóminum nostrum. If, however, the Son is mentioned at the end of this prayer, the conclusion is, Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
The people, uniting themselves to this entreaty, make the prayer their own with the acclamation, Amen.
(General Instruction of the Roman Missal, n. 77)

Por una antigua tradición de la Iglesia, la oración colecta ordinariamente se dirige a Dios Padre, por Cristo en el Espíritu Santo y termina con la conclusión trinitaria, es decir, con la más larga, de este modo:
– Si se dirige al Padre: Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
– Si se dirige al Padre, pero al final se menciona al Hijo: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
– Si se dirige al Hijo: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
El pueblo uniéndose a la súplica, con la aclamación Amen hace suya la oración.
(Instrucción General del Misal Romano, n. 54)

En la Misa se dice una sola oración sobre las ofrendas, que se concluye con la conclusión más breve, es decir: Per Christum Dóminum nostrum; y si al final de ella se hace mención del Hijo: Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
El pueblo uniéndose a la súplica con la aclamación Amen, hace suya la oración.
(Instrucción General del Misal Romano, n. 77)

Selon l’antique tradition de l’Eglise, cette prière s’adresse habituellement à Dieu le Père, par le Christ, dans l´Esprit Saint, et se termine par une conclusion trinitaire, c’est-à-dire par la conclusion longue, de la manière suivante:
– si elle s’adresse au Père: Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– si elle s’adresse au Père, mais avec mention du Fils à la fin: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– si elle s’adresse au Fils: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
Le peuple s’unit à la supplication et la fait sienne par l´acclamation Amen.
(Présentation Général du Missel Roman, n. 54)

A la messe, on dit une seule prière sur les offrandes, qui se termine par la conclusion brève: Per Christum Dóminum nostrum; si cependant elle fait mention du Fils à la fin, ce sera: Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
Le peuple s’unit à la prière et la fait sienne par l’acclamation Amen.
(Présentation Général du Missel Roman, n. 77)

Nach alter Tradition der Kirche wird das Tagesgebet in der Regel an Gott, den Vater, durch Christus im Heiligen Geist gerichtet und mit der trinitarischen Schlussformel, d. h. mit der längeren Formel auf folgende Weise abgeschlossen,
– wenn es an den Vater gerichtet ist: Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– wenn es an den Vater gerichtet ist, zum Schluss aber der Sohn genannt wird: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum;
– wenn es an den Sohn gerichtet ist: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
Das Volk schließt sich dem Gebet an und macht es durch den Ruf Amen zu seinem Gebet.
(Allgemeine Einführung in das Römische Messbuch, N. 54)

In der Messe wird ein einziges Gebet über die Opfergaben gesprochen, das mit der kürzeren Schlussformel schließt, nämlich: Per Christum Dóminum nostrum; wenn aber zum Schluss des Gebetes der Sohn erwähnt wird: Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
Das Volk schließt sich dem Gebet an und macht es sich durch den Ruf Amen zu eigen.
(Allgemeine Einführung in das Römische Messbuch, N. 77)

Joseph Ratzinger de liturgia

The greatness of the liturgy depends on its unspontaneity.

La grandezza della liturgia si fonda sulla sua non arbitrarietà.

La grandeza de la liturgia depende de su falta de espontaneidad.

Die Größe der Liturgie beruht gerade auf ihrer Unbeliebigkeit.

La grandeur de la liturgie tient justement au fait qu’elle échappe à l’arbitraire.

(Joseph Ratzinger, “The spirit of the liturgy” – “Introduzione allo spirito della liturgia” – “El espíritu de la liturgia” – „Vom Geist der Liturgie“ – “L’Esprit de la liturgie: Une introduction”)